Y sí, mi nombre nació de la mezcla de los nombres de mis papás: Arturo y Silvia.
Y creo que eso dice bastante de mí… porque siempre he sido una mezcla de muchas cosas.
La que escucha,
pero también la que piensa demasiado.
La que quería ayudar a todos…
pero no siempre sabía cómo ayudarse a sí misma.
La que sostenía demasiado…
y se dejaba al final.
Una vida
en automático.
Decía que sí a cosas que ni siquiera conectaban conmigo.
Me dejaba llevar por lo que "se veía bien".
Por lo que tocaba.
Por lo que se esperaba de mí.
Y durante mucho tiempo…
todo parecía estar bien.
Pero por dentro,
había una incomodidad
difícil de poner en palabras.
Como si algo no terminara
de encajar dentro de mí.
Solo me detenía cuando ya estaba
demasiado feliz,
demasiado triste…
o demasiado cansada.
Y en pandemia,
por primera vez,
con tanto tiempo libre
y a solas,
no tuve cómo escapar de mí.
Ahí empezaron las preguntas incómodas.
Empecé a elegirme.
A poner límites.
A cambiar hábitos.
A soltar lo que no me hacía bien.
A cortar con personas
que me hacían mucho daño.
No fue cómodo.
Pero fue la primera vez
que mi vida empezó
a sentirse mía.
Y entendí algo que me cambió profundamente
Si no te conoces,
puedes terminar viviendo
una vida que no es para ti.
Hoy acompaño a personas que se sienten desconectadas de sí mismas a recuperar claridad, dirección y bienestar real.
No desde la exigencia.
No desde "haz más".
Sino desde la reconexión,
la conciencia, el amor
y la construcción de una vida
que sí se sienta propia.
La primera conversación es gratuita y sin compromiso — solo para conocernos.